En una casa tradicional del barrio Boston, cargada de historias, pero con una distribución anticuada, su propietario, un hombre joven e independiente, buscaba renovar los espacios para reflejar un estilo fresco y masculino.
Las condiciones constructivas, con muros portantes que no podían modificarse, se convirtieron en una oportunidad de diseño: la cocina se planteó con marcos protagónicos de ingreso desde el pasillo, que enmarcan y dan la bienvenida a un espacio moderno con isla y comedor integrado.
Este nuevo corazón de la casa promueve dinámicas de encuentro y disfrute alrededor de la cocina.
El baño, por su parte, fue transformado en un espacio sofisticado, con una estética de fuerte personalidad masculina. El color adquiere un rol protagónico y el confort se convierte en el eje de un ambiente íntimo, pensado para acompañar momentos de cuidado y bienestar.