En este hogar, habitado por una pareja de médicos y sus tres hijas, la vida transcurre con ritmo ágil y muchas exigencias. El espacio, aunque generoso, no respondía a las dinámicas reales de la familia: una cocina encerrada y deteriorada, zonas desconectadas y espacios poco funcionales.
Mira el antes y el después de este proyecto:
La intervención fue clara y contundente. Se derribaron los límites de la cocina para abrirla al corazón social del apartamento, creando un ambiente integrado, práctico y luminoso, donde cocinar y compartir suceden al mismo tiempo.
Se recuperó el balcón como un espacio de disfrute diario —ideal para un desayuno al sol— y se rediseñó cada zona para aportar orden, almacenamiento y calidez.
En el segundo nivel, un puente nuevo conecta las habitaciones, generando una circulación fluida y coherente con el ritmo familiar. La habitación principal adquirió personalidad, y se incluyó una biblioteca-estudio con espacio para el trabajo y la concentración, además de un salón de juegos que invita a la diversión de las niñas.
Este proyecto no solo transformó el espacio físico, sino también la manera de habitarlo. Hoy, este apartamento acompaña con belleza y funcionalidad la vida de una familia que vive a toda marcha, pero que siempre vuelve a casa a reencontrarse.